Primera impresión


15/07/2016
Íbamos caminando a una cabaña que queda en una colina, al llegar estaba el hate abrió sus brazos lo más que pudo y dijo -Bienvenidos-. su sonrisa llegaba de oreja a oreja, al darle las gracias mencionó que la tierra es de todos, no es de nadie, que estábamos en nuestra casa.
habìa una fogata en la mitad, había una mujer cocinando, con una niña pequeña que observaba todo o que la mujer hacía con gran concentración, nos saludaron en una lengua distinta,  el hate nos presento, ante ella, con una sonrisa y una seña con su mano, nos saludo. seguimos y estaba un hombre sentado en una roca, -él es el mamo Senchina- el maestro del cultivo y la tierra, cuando quieras tomar una decisión que elegirá el camino de tu vida puedes preguntarselo a el-. al parecer estaba ocupado, sus ojos miraban un punto fijo pero no miraba nada,  su nieto mencionó que estaba mirando su interior, si el hombre deja que su mente fluya por un instante sin contaminarla vemos cosas grandiosas, y el maestro nos enseña.
subimos unos 15 minutos con las personas con las que había llegado, màs allà de la cabaña, llegamos a un bosque,  la hija del hate nos dijo que ese bosque estaba protegido, nos sentamos allí, ella comenzó a leer, yo toque guitarra y escribí un poco, y otro joven tomaba fotos encantado del panorama que veía. al pasar aproximadamente media hora decidimos bajar, y ya la comida estaba preparada, nos sentamos alrededor del fuego y nos servimos nuestra comida, era una sopa, estaba exquisita, cuando la mujer del mamo nos vio comiendo con tanto gusto empezo a reir, y le di las gracias, - gracias a la tierra-. y me observó con un gesto sonriente, al terminar de comer.
vi al mamo y fui a saludarlo al ver que ya había “terminado” de hacer lo que hacía antes, pero al acercarme  no pude casi ni saludarlo, sentí que sus ojos vieron todo de mi,  sonrió, en ese momento vi un hombre que vibraba vida, su energía era bastante fuerte, sus actitudes tan expresivas, que me di cuenta que en aquel instante estaba bastante débil me sentí vacío, ver tanta vida en el, me hizo notar que yo no vibraba asì, que no habìa tanta vida en mi como en el, pude detallar completamente su rostro, asì que hice una seña con mi cabeza, el la siguio y me aleje.
-vale màs una mirada y un silencio para conocer a alguien que palabras dichas sin valor-, lo dijo en un todo algo reconfortante.
Jóvenes fuertes, necesitamos jóvenes fuertes, dijo un hombre alto corpulento que salió del medio del bosque, el hate nos miró y nos pidió el favor de ayudarlo con algo, fuimos con él y con el hombre que es una persona con la que trabajan con abejas cultivos etc.., cuando llegamos un poco màs arriba había unos grandes troncos en el suelo, -Solo hay que bajarlos- dijo el hombre riendo. al mirar alrededor vi al mamo sobre un tronco, su nieto estaba alistando una madera para bajar, la acomodo en su hombro y bajó a gran velocidad.
luego intentamos alzar un tronco pero era demasiado pesado y muy grande tenía unos 6 metros de largo, y medio metro de ancho, cada intento que hicimos el mamo reía a carcajadas, sus manos en su estómago y en cada risa soltaba una tremenda energía, pense -quisiera poder reír asì- pero de igual forma me causaba un poco de gracia verlo, en un momento ya todos reíamos, y realmente no sabíamos de que, creo que se burlaba de nosotros,  luego llegó el hate con el nieto del mamo, y lo miró y dijo - mamo ayudanos, necesitamos muchas manos-, el mamo se levantó riendo aun -si el hombre está débil, su fuerza física también lo está-  y señaló a su nieto y le indico una parte del árbol caído; los dos se dirigieron allì, y tomaron el tronco lo levantaron y lo pusieron en sus hombros, los demás reímos a ver la facilidad como lo habían levantado y apresuradamente fuimos a sostener la parte que faltaba por levantar. En medio del camino nos tocó dejar el tronco en el suelo porque nos pesaba bastante, cuando no colocamos el hate y su nieto empezaron a reír, el otro hombre Jorge exageraba su cansancio haciendo reír al mamo a carcajadas, luego se puso serio e indicó que era la hora de bajar el árbol; lo levantamos de nuevo y llegamos al destino, al soltarlo quedamos un tiempo en silencio descansando, hablamos un rato, mientras se alistaba todo para bajar, el mamo estaba hablando y riendo con su mujer viéndola tejer, y su nieto subía unos troncos para leña a la camioneta, y llegó el momento de irnos nos despedimos de todos antes de subirnos a la camioneta y fuimos al pueblo, al bajarnos nos despedimos nuevamente, seguí mi camino, no dejaba de pensar en la imagen de aquel hombre, y que tenía que verlo de nuevo, pero sabía que no estaría asì de débil, que ya tenía que retomar mi fuerza al verlo de nuevo,
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